La secreta armonía del conjunto

Puede haber mucho orden en el caos. Yo le he visto, y puede ser hasta bueno, siempre que al final todo encaje. Lo que importa es el conjunto. Su secreta armonía. Que los sonidos simultáneos y diferentes, al combinarse, sean acordes. Que, a la postre, cada nota adquiera sentido y que el resultado resulte melódico. ¿Pero cómo se ordena el enredo? A veces me parece un misterio.

He presenciado algunas veces reuniones en las que el orden y la jerarquía imperan por encima de todo. Todo está medido, estipulado, previsto. Nada queda al azar. Se comienza a la hora prevista y se termina cuando dice el programa. Cada uno interviene cuando le toca y se agotan por su debido orden cada uno de los epígrafes del guión. El resultado de esta dinámica tan ordenada, según he visto, puede llegar a ser radicalmente caótico. No hay orden porque no hay armonía. Lo que hay es caos, por mucho que se empeñen en el orden. Si las notas no son acordes, esa música no puede sonar nunca bien.

En cambio, acabo de presenciar hace poco un encuentro en el que, sin mucho orden, se siente de manera palmaria la armonia del conjunto. No se cumplió el horario, ni se siguió el orden del día. Tampoco hubo jerarquía alguna, ni daba la sensación de que los asuntos comenzados se agotaran. Sin embargo, para mi oído, esas notas encajaban de manera serenamente acorde y la música final acabó sonando muy bien. Lo que allí había era algo así como consonancia. Equilibrio, rima, vínculo.

Pero esa armonía del conjunto se me antoja un misterio. Para un racionalista controlador como yo, entender las razones de esa armonía resulta altamente complejo. Es casi un milagro. Laico, pero un milagro. Si haciendo un esfuerzo comparo ambas situaciones, puedo llegar a alcanzar algunas conclusiones. Quizá para que se produzca esa armonía hayan de concurrir algunas circunstancias: primero, la complementariedad de los miembros de esa orquesta; segundo, que ninguno desafine; tercero, compartir una visión semejante en lo esencial; y, por último, que todos ellos tengan el propósito de hacer sonar la orquesta por encima de las individualidades. Bueno, quizás añadiría un postrero ingrediente para que esa armonía del conjunto deje quizá de ser secreta: tener altas dosis de empatía. Creo que si se dan todas estas circunstancias, aunque no haya orden, el resultado puede llegar a ser armónico.

Una última cuestión. Es curioso, en la primera de las reuniones que describía todos los integrantes del grupo eran hombres. En cambio, en la segunda todas las participantes eran mujeres. ¿Tendrá también esto algo que ver en la secreta armonía del conjunto?

 

Deja un comentario